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Aqu铆 tienes 1 Emoci贸n, 3 Frases y 1 Reflexi贸n para considerar esta semana.

馃憠Una cosa m谩s, si tienes alg煤n problema con la ira o convives con alguien que lo tiene, te recomiendo leer la reflexi贸n del d铆a, es un poco m谩s larga de lo usual, pero vale la pena el tiempo invertido.

UNA EMOCI脫N

Anecdoche

Esa sensaci贸n que aflora cuando nos encontramos en medio de una conversaci贸n en la que todos hablan pero nadie escucha, en la que cada uno lanza frases sueltas y superficiales, en la que todos participan, pero nadie est谩 realmente interesado en lo que los otros tienen que decir, es m谩s, ni siquiera est谩n interesados en lo que ellos mismos tienen que decir... 驴una emoci贸n y situaci贸n muy inc贸moda no te parece?

Sin duda, anecdoche es exactamente lo opuesto a lo que el poeta y fil贸sofo irland茅s John O'Donohue experimentaba cuando se cuestion贸:

"驴Cu谩ndo fue la 煤ltima vez que tuviste una gran conversaci贸n? Una conversaci贸n que no fuera solo dos mon贸logos cruzados, sino una en la que te escuchaste a ti mismo diciendo cosas que nunca supiste que sab铆as, en la que te escuchaste recibir de alguien palabras que encontraron lugares dentro de ti que pensaste que hab铆as perdido, [...] una conversaci贸n que continu贸 sonando despu茅s durante semanas en su mente. Conversaciones como esa son comida y bebida para el alma".

TRES FRASES

Mahoma, Profeta y Fundador del Islam:

鈥淓l fuerte no es el que supera gente por su fuerza, sino que fuerte es el que se controla mientras sufre de ira.鈥

Thich Nhat Hanh, Monje Budista vietnamita:

鈥淐uando una emoci贸n se vuelve m谩s tranquila, podemos ver las ra铆ces de nuestro sufrimiento y ver que aquellos que nos causan dolor tambi茅n est谩n sufriendo. Por lo general, cuando sufrimos pensamos que somos la 煤nica persona que sufre, y que la otra persona est谩 muy feliz. Pero, de hecho, es probable que la persona que nos lastima tambi茅n tenga mucho dolor y no sepa c贸mo manejar sus emociones m谩s intensas.鈥
  • S茅neca, fil贸sofo romano:
鈥淎lgunos de los hombres m谩s sabios han llamado a la ira breve locura: porque as铆 como hay s铆ntomas que caracterizan a los locos, como un aire amenazante, una frente sombr铆a, un rostro severo, [...] respiraci贸n r谩pida y con fuerza, estos mismos s铆ntomas exhiben los hombres dominados por la ira.鈥

UNA IDEA

La ira tiene un extra帽o efecto en nosotros: como si al experimentarla perdi茅ramos la raz贸n, como si el cerebro se nos desconectara temporalmente y todo lo que nos quedara fuera una emoci贸n que nos llena el cuerpo y una boca que habla sin parar, sin importar a cuantos derrumba a su paso.

Cualquiera dir铆a que cuando uno se mueve del enojo a la ira, paulatinamente perdemos la capacidad de razonar, 驴pero en realidad es as铆? pues bien, donde los fil贸sofos responder铆an que si, la ciencia responde que no.

De acuerdo a la ciencia lo que realmente nos sucede, es que activamos un modo distinto de razonamiento. En palabras simples, es como si tuvi茅ramos dos tipos distintos para razonar, el primero es uno que involucra a la empat铆a y el segundo es la raz贸n anal铆tica, la de los n煤meros y datos.

Cuando estamos en un estado normal (sin enojo), hacemos uso de nuestra raz贸n "emp谩tica", no todos en el mismo nivel, pero en general somos capaces de considerar a las otras personas, sus sensibilidades y necesidades, por eso en nuestras interacciones con los dem谩s, a veces optamos por no decir o hacer algo, aunque sepamos que es "lo correcto", sencillamente porque sabemos que es importante no herir a quienes nos rodean.

Y cuando un enfado moderado se convierte en rabia o c贸lera, empezamos a usar el tipo de razonamiento anal铆tico, es decir, dejamos de percibir a la persona y sus necesidades.

"Cuando realmente [nos] enojamos, nos volvemos sumamente anal铆ticos. Perdemos la habilidad de considerar los puntos de vista de otras personas o el contexto m谩s amplio de una situaci贸n. Nos enfocamos en las amenazas." Escribe el Psic贸logo Daniel Goleman.

En ese estado de furia, dejamos de percibir lo que nos rodea y nos h铆per enfocamos en la persona (o personas) que tenemos enfrente, pues de acuerdo a nuestro modo de razonar, estamos bajo amenaza, y cuando el cerebro percibe una amenaza le presta toda su atenci贸n. Entonces comenzamos a buscar cualquier comportamiento que nos haga creer que, en efecto, esa persona est谩 equivocada o est谩 actuando en nuestra contra, y terminamos por deshumanizarlos, dejamos de percibir que detr谩s de las palabras o acciones, hay un ser sensible y vulnerable.

Pero, 驴por qu茅 la ira nos conduce a despojar de su condici贸n humana a los dem谩s? Porque la ira est谩 ah铆 para protegernos, esa es su funci贸n evolutiva y para que seamos capaces de hacerlo, no podemos sentir compasi贸n o empat铆a por aquello de lo que intentamos protegernos. Dif铆cil de digerir, pero cierto.

De modo que, cuanto m谩s vulnerables nos sentimos (aunque no seamos consciente de esto), m谩s nos enfurecemos y en consecuencia, m谩s buscamos defendernos. Es como la Psic贸loga Tara Brach expres贸:

"Imagina que est谩s caminando por el bosque y ves un peque帽o perro sentado junto a un 谩rbol. Cuando te acercas, de repente se te abalanza, con los dientes al descubierto. Est谩s asustado y enojado. Pero luego notas que una de sus patas est谩 atrapada en una trampa. Inmediatamente tu estado de 谩nimo cambia de la ira a la preocupaci贸n: ves que la agresi贸n del perro proviene de la vulnerabilidad y el dolor."

Lo dif铆cil de esta situaci贸n, es que entre m谩s nos embargue la furia, menos oportunidad tenemos de percibir el v铆nculo entre la vulnerabilidad y la rabia, y la raz贸n de esto es que si en medio de un ataque de furia experiment谩ramos nuestra vulnerabilidad, no podr铆amos sentirnos poderosos y listos para el ataque. La ilusi贸n persistente aqu铆 es que la vulnerabilidad nos hace lucir d茅biles y por lo tanto hay que disfrazarla, hay que expulsarla como si esa fuera la causa misma de nuestros problemas.

Es justo decir que nuestro cerebro nos juega una peque帽a treta: aunque la ira surja de la vulnerabilidad, la furia misma nos hace sentir invulnerables, precisamente para que podamos defendernos. As铆 que, con el tiempo, el iracundo comienza a desconectarse de su vulnerabilidad, se siente intocable por la mar de energ铆a y fuerza que le brinda su rabia, sin ver que su enojo, la intensidad y la frecuencia con la que lo experimenta, son signos inequ铆vocos de que, de manera inconsciente, est谩 buscando esconder su fragilidad.

Para una persona con tendencia al enojo, esto puede ser dif铆cil de creer, despu茅s de todo, uno se podr铆a preguntar: 驴c贸mo puedo ser tan vulnerable si la ira me hace sentir tan poderoso? pero es as铆, la rabia es una manera efectiva, pero penosa de proteger nuestra sensibilidad. Es efectiva porque, en el corto plazo, aleja las amenazas percibidas, pero penosa porque en el largo plazo nos deshumaniza, nos hace creer que no tenemos necesidad de afecto, de ser cuidados por otros y de procurarnos a nosotros mismos.

La ira es una emoci贸n profundamente incomprendida, y sin duda, una de las m谩s nocivas: carcome poco a poco a quien la experimenta y aleja a quienes se preocupan por ellos, pues de la misma manera en que el iracundo es incapaz de percibir sus fragilidades, los otros, los agredidos, tampoco pueden ver que detr谩s de ese despliegue de fuerza y energ铆a, hay una persona, no que clama por ayuda (o cuidados), sino que, en primer lugar, es incapaz de ver que la necesita.

La rabia, pues, es al mismo tiempo un grito de guerra y un grito de auxilio. El iracundo dice, sin ser consciente de ello: "tengo que mantenerme en guerra, porque ya no permitir茅 ser vulnerado de nuevo... fui lastimado antes, cuando era incapaz de defenderme, pero ahora ya puedo tomar cartas en el asunto." Tristemente el iracundo no comprende que, en el tiempo presente, las personas de su alrededor ya no est谩n intentando lastimarlo, que el abuso ya fue cometido y que ahora se encuentra fuera de peligro. Con gran raz贸n el monje budista Thich Nhat Hanh insiste en que cuando alguien lastima a otra persona, no solo el agraviado padece, sino que todo ese movimiento de violencia surge, en primer lugar, porque quien inflige el da帽o sufre sin darse cuenta.

En mis a帽os reflexionando acerca de mi tendencia a la ira, esa ha sido la parte m谩s dif铆cil de reconocer: que aunque la ira me venda la ilusi贸n de ser fuerte y autosuficiente emocionalmente, en realidad esta surge de lo opuesto: de mi vulnerabilidad no reconocida, de mi sensibilidad, del miedo inconsciente al da帽o pasado y de mi necesidad de ser cuidado y auto cuidarme.

Y probablemente para cualquiera que padezca un problema parecido, este ser谩 el primer gran desaf铆o a superar: reconocer que todo el acto de enfurecerse y sentirse fuerte, no es sino una pantalla para proteger su vulnerabilidad inherente. Un obst谩culo sumamente complejo, si consideramos que el iracundo que NO se ha hecho consciente de sus procesos internos, relaciona la ira con fortaleza y la vulnerabilidad con debilidad.

Pero cuando conquistamos este hito, las caras se invierten: expresar nuestra vulnerabilidad poco a poco, pasa a ser reconocido como un s铆ntoma de fortaleza y la incapacidad de moderar la rabia, como una debilidad del car谩cter, y as铆, de s煤bito nuestra escala de valores da un giro de 180 grados.

Por supuesto, no intento decir que no existan razones reales para enojarse, o que ninguna de nuestras rabietas tenga justificaci贸n, menos aun que nunca debamos enfurecernos, lo que quiero explicar es que cuando nos encolerizamos de manera persistente, podemos estar seguros de que hay algo aterrador que enterramos en el inconsciente y que nos est谩 causando una sensaci贸n de ser continuamente vulnerados en el presente.

Y que cuando nos hacemos conscientes de esta din谩mica interna, comenzamos a modificar gradualmente esta actitud de guerra perpetua, en la que mantenemos levantadas nuestras murallas, para dar paso a una comprensi贸n y duelo paciente (y autocompasivo) por un pasado injustamente traum谩tico y a煤n no suficientemente explorado.

Al final, cuando reinterpretamos nuestra ira y hacemos las pases con ella, podemos estar seguros de que no hay perdida de fortaleza, sino todo lo contrario: ganamos un poder m谩s profundo, uno que surge de un valiente reconocimiento de nuestras vulnerabilidades. Una integraci贸n de nuestra luz y nuestra sombra, en otras palabras, emerge de nosotros un ser m谩s pleno y maduro.

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Enviado por
Jos茅 M. Reyes