Hace años, en un retiro de meditación al que asistí, nos dijeron:

Cuando sufrimos, pensamos que nosotros somos los únicos que padecemos, pero pasamos por alto que la otra persona también sufre. Pero eso no es correcto. Cuando alguien provoca dolor en los demás, sabes que también ellos están sufriendo.

Es cierto. Muy cierto. Pero me parece que si revisamos esta enseñanza con cuidado, puede ser un mensaje peligroso:

Imagina que un día te sientes herido por el agravio de alguien más. Imagina que aún con el dolor a cuestas, eres capaz de observar con atención plena el dolor que te acongoja, y en efecto, puedes reconocer que sufres, y que, además, la otra persona también sufre, que necesita ayuda.

Pero espera un momento… ¿eres tú el responsable de ayudar a ese otro? ¿Ese otro desea ser ayudado? (Esto es, ¿tiene el deseo genuino de cambiar o se trata de una manipulación?) y si acaso resulta que si: ¿tienes tú las cualidades y habilidades que esa persona necesita para ser ayudada?

Aun con todo lo egoísta que puede sonar, cuando estemos atravesando un dolor a causa de las acciones de alguien más, hay una persona con la que tienes responsabilidad y ese eres tú mismo. No le debes responsabilidad a nadie más, aún menos a quien te agrede. No sugiero atacar al otro para sanar el dolor que existe en ti. Hablo de que es justo y a menudo necesario, enfrentar al agresor, tomar distancia o incluso cortar lazos.

El hecho de que seas capaz de percibir el dolor subyacente en el comportamiento del otro, de ninguna manera te hace responsable de sanar ese dolor. La compasión hacia los demás, antes, exige de nosotros una mirada autocompasiva.

Soportar los malos tratos de un personaje abusivo (o para el caso, alguien que juega el papel de víctima) es el principio de las relaciones abusivas. Y dime, ¿quien diablos necesita estar en una relación abusiva? Es necesario hacer algo, de otro modo el abusivo se puede convertir en un tirano, y lo que es peor, que tú te acostumbres a los malos tratos.

Ram Das decía:

Lo mejor que puedes hacer por mi es trabajar en ti. Lo mejor que puedo hacer por ti es trabajar en mi.

Es el principio de la auto responsabilidad. Empeñarnos en ayudar a otros (o tolerar sus desvaríos) es una manera de evadir nuestra responsabilidad primordial: trabajar en nosotros y enfrentar nuestros demonios (que a veces se visten de santos).

Hay una confusión en torno a la compasión, en especial en estos días en los que florecen tradiciones espirituales como el budismo o incluso el cristianismo. Tradiciones en las que la capacidad de mostrar compasión hacia los demás se observa como una métrica del progreso de los practicantes. La capacidad de demostrar compasión desde luego es un atributo del progreso espiritual, pero ser compasivo (la compasión auténtica que te incluye a ti y a los demás) no equivale a soportar malos tratos, no exige de ti caminar a lado de un tirano, o cómo diría Jordan Peterson, soportar a un ser imperfecto que va dando traspiés.

Hacer eso equivale a lograr justo lo contrario a lo que te propones, pues estás permitiendo que se hunda aún más en la mar de su ignorancia.

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Enviado por
José M. Reyes